sábado, 8 de diciembre de 2012
Dolor de amores
Hacia meses que no la veía. En esos meses se había logrado olvidar de su larga y morena melena, su suave y blanca tez, de sus profundos ojos que cada vez que se posaban en él lograban que se sintiera especial y afortunado y de esos momento en los que casi se atrevía a decir las cosas que sentía por ella. La había idealizado hasta el punto de fantasear con un mundo caprichoso en el que sólo él podía tocarla y dirigirle la palabra, ya que únicamente él estaba a un nivel intelectual equiparable. Habían pasado semanas e incluso meses y pese a ser en su mundo irreal un hombre poderoso y valiente en la realidad no se sentía capaz de confesarle lo mucho que la quería. Soñaba con ella y en cuanto se descuidaba su mirada se desviaba hacia la chica con el deseo desesperado de ser recompensado con una sonrisa suya. Al final llegó un momento en el que ella ocupada en sus quehaceres ni le dirigía la palabra pese a haber sido buenos amigos. Los últimos días que pasó con ella no fueron del todo agradables, ella meramente le hablaba para comunicarle cosas triviales y que a él le traían sin cuidado. Se le acababa el tiempo tenía que decírselo. Pero no lo hizo. Hace poco, meses después y tras haberse dirigido unas solitarias palabras solitarias esporádicamente, la recordaba cuando pasaba por lugares que solía frecuentar, aunque inconscientemente pues él sólo agudizaba sus sentidos por si la reconocía pero su cerebro no se percataba. Recientemente había visto una vieja foto donde salía con ella mientras revisaba objetos de su pasado. Se había quedado embobado mirándola y se sorprendió a sí mismo haciéndolo. Ahora cuando pasa por donde por los lugares que ésta menudea sí se dacuenta de que la cerca con la vista que a veces se le empaña con unas lagrimas de dolor. Al acostarse en su cama lo único que puede pensar es en lo que podía haber ocurrido de haber sido aquel personaje con coraje de sus fantasías y no el cobarde enclenque que había resultado ser, castigándose con sordos llantos que auguran un ignoto futuro con la desesperanza de no amar a nadie más.
domingo, 21 de octubre de 2012
El ángel de Nueva York
Era invierno en la nevada ciudad de Nueva York. El frío calaba entre las más cálidas ropas, ni abrigos ni sobretodos aislaban ese helor, insoportable hasta un punto prácticamente inimaginable. Las calles de Manhattan estaban, lógicamente, vacías, dando un aspecto tétrico impropio de un distrito como éste. Un hombre iba caminado por un callejón impertérrito al frío que asolaba. Un sombrero ajado, una bufanda mal colocada, unos guantes mullidos pero con roturas en las costuras y una gabardina raída por el tiempo era lo único que le cobijaba del gélido ambiente de la noche neoyorquina. Cuando la angosta calle acabó, entró en un bulevar. Justo en ese instante, recortados copos de nieve blanquecina empezaron a descender por un cielo de nueves de un gris pálido y sin vida. El hombre, raudo, aceleró el paso. No tenía ningún sitio al que ir en realidad pero tan sólo el no dejar de moverse era su único aliciente para aferrarse a una vida que le había negado todo. No tenía hogar ni familia y apenas lograba encontrar algún alimento pasajero que llevarse a la boca. Después de unos pocos minutos de haber empezado la cellisca, se originó una ventisca que arreciaba. El hombre amedrentado por los fuertes vientos corrió con celeridad para ampararse en el linde de un portal en una finca humilde. Aterido se sentó y se agazapó para evitar perder un calor corporal muy preciado en estas circunstancias. No tardó mucho en delirar y poco más tarde en desmayarse. En su estancia en un mundo situado entre la vida y la muerte, se le vinieron a la mente recuerdos de tiempos pasados no mucho mejores pero más prometedores. Entonces se le apareció aquel rostro angelical, el único capaz de darle sentido a su vida. Hubo una época en la que había sido feliz, una época en la que la miseria y la pobreza no eran capaz de causarle temor ni angustia, una época en la que había estado ella. Hacía años una joven se había apiadado de aquel hombre que dormitaba en un banco de Central Park al que la hambruna había causado estragos dejándolo con una delgadez que hacía que su cuerpo pareciese deforme. Aquella chica amable y bondadosa le había colmado de atenciones y cuidados que él jamás había tenido ni soñado con tener. Ella le había invitado a dormir en su apartamento pero el hombre cohibido había rehusado y había vuelto a su banco en el gigantesco parque. Pese a aquello la muchacha continuó yendo a visitarlo y a darle comida e incluso ropa. Nunca hablaron de por qué ella hacía todo aquello por él. Poco a poco la confianza surgió entre ellos y un día, después de varios meses, la chica le besó. El hombre estaba anonadado no cabía en sí de gozo, pero tampoco se explicaba como él un pobre mendigo había podido conquistar a tan caritativa alma. Entonces por primera vez en todos aquellos meses se fijó en como era ella. El cabello negro cual azabache descendía dibujando ondas hasta romper en los hombros. Los ojos azules de un color potente y precioso casi único, como el cielo en lugares helados, captaban los rayos solares y parecían brillas con una luz de gran intensidad, parecían reflejar los sentimientos de su poseedora. Los labios rojos carmín hacían destacar una sonrisa blanca que tímida trataba de esconderse entre las comisuras. La nariz junto en el medio de la cara era redondeada y lo más parecido a la perfección en este mundo. En definitiva parecía la faz de un ser superior quizá algún ángel extraviado que se dedicaba a cuidar a los pobres desgraciados del submundo neoyorquino. El hombre abrumado no pudo sino preguntarle si efectivamente era una criatura del cielo. Ella con voz pícara le respondió "¿No me ves las alas?". Inconscientemente dirigió la vista hacia donde debería estar el plumaje albar y casi como un milagro allí estaban se alzaban orgullosas hacia el azul infinito. Atónito se quedó admirándolas durante eternos minutos preguntándose por qué no había visto antes algo tan obvio. Volvió a mirarle la cara un corto periodo de tiempo y timorato besó su boca. Aquel ósculo inocente y prácticamente infantil desembocó en algo más apasionado casi llevado al paroxismo. Pronto no pudo soportarlo más y sintió un arrebato de lujuria desenfrenada. La chica-ángel le correspondió con toda su empatía. En un claro entro los múltiples árboles del magnífico parque, las palomas, las ardillas y algún que otro animal indiscreto fueron testigos de una vehemencia nunca antes vista en el universo. Los ritmos candentes,las miradas lascivas y el desenfreno ocuparon toda la tarde y parte de la noche, hasta que agotados un sueño dulce y mágico se apoderó de ellos. Al día siguiente el hombre se despertó tarde en aquel claro en la mullida hojarasca. Miró a su alrededor en busca de su musa inspiradora de vida, pero no había nada más que soledad en cada soslayado rincón. Una abrumadora tristeza por una pérdida irreparable nació en su pecho. Llorando se posó en un tronco pensando en la mujer que tan abnegada se había apiadado de un pobre y hambriento vagabundo y le había enseñado que la vida es más que dolor y sufrimiento. Esto es lo que su cabeza le mostraba al hombre mientras una ambulancia, caritativamente llamada por una vecina del portal, luchando contra el temporal le recogía y le llevaba al hospital más cercano donde lentamente la vida se le iba escapando al hombre que entretanto rememoraba una y otra vez aquella tarde de otoño de otrora. Antes de exhalar el último halo de vida una sonrisa se le dibujó en su maltrecho rostro que le acompañó definitivamente al otro mundo, un mundo donde su ángel de la guarda le aguardaba para revivir una pasión que las brasas del tiempo había mantenido caliente.
Para un angelito de verdad, Mireia
jueves, 5 de julio de 2012
Fuego...
Las llamas arrasaban todo a su paso. Su hambruna no cesaba pese a engullir con ansia cada pedazo de bosque. Lo que verde era antes negro se tornaba, habiendo pasado por rojo candente. El fuego no entendía de limites ni se detenía a cribar aquello que alimentara mejor sus ansias de destrucción. A su paso morían árboles, matojos y animales por igual. Pese a todo esto lo único que molestaba a Claudio era el humo que, pertrechado con una cantidad inmensa de cenizas, las arrojaba tiñendo su casa de campo, situada a varios kilómetros del incendio, de un gris negruzco.
Claudio era un hombre relativamente joven, exitoso en los negocios como pocos y que había acumulado una cantidad importante de capital en los últimos años. Había ordenado construir su casa de campo 3 años atrás con el fin de emplearla de picadero a espaldas de su mujer más que para pasar los meses de verano. Tras estos años de engaños, su mujer, Pamela, que ya se olía lo que pasaba, inició una reforma prácticamente completa de la mansión donde residían ella y su marido. Usó esto como subterfugio para ir a pasar una temporada a la casa de campo, única alternativa como vivienda mientras las obras tuvieran lugar. A causa del repentino traslado de hacía unos meses Pamela había estado pegada a Claudio prácticamente todo el tiempo, menos las horas en las que trabajaba. La falta de sexo en la vida de Claudio lo tenía desquiciado pues no podía desfogarse con muchachas de compañía, claro está, ni podía yacer con su mujer que cada noche ponía una excusa diferente para apaciguar la lujuria desenfrenada que en él latía. Fue por esto que intentó hallar algún pasatiempo. Su búsqueda habría sido en vano si no se le hubiese ocurrido unos días atrás la idea de construir un campo de golf. No obstante, dicha idea tenía una pega importante, los terrenos que rodeaban la parcela de la casa de campo estaban repletos de una variada vegetación que se había declarado protegida unos años antes, cosa que no dejaba de maldecir Claudio desde que, dos años atrás, hubiese querido construir una piscina para sus visitas furtivas y el ayuntamiento no se lo hubiese permitido. Sin embargo, aquella vez iba a ser diferente. La vez anterior no había querido hacerlo para no causar problemas al ministro, cuya tarea era proteger los bosques des país entre otras cosas, que era amigo suyo. Pero esta vez, con un partido político gobernante diferente las cosas habían cambiado.
De esta manera el incendio comenzó. Por la codicia y el deseo injustificado de destrucción, acompañados de unas ansias tremendas de demostrar poder, Claudio mando quemar toda la parte oeste del bosque donde construiría su codiciado campo de golf. Durante el incendio, con el servicio con el día libre y con su mujer visitando a sus padres , Claudio se regodeaba en un maquiavélico placer que superaba a cualquier otro. Los horas pasaban y el fuego continuaba chamuscándolo todo. Claudio decidió salir para ver su obra de destrucción. Escapando a la vista de los bomberos que desesperados trataban de vencer a la falla, se adentro hasta poder ver las llamas a tan sólo unos metros. Allí se quedó un buen rato pensando en sus proyectos, hasta que, para su sorpresa, se dio cuenta de lo rápido que había avanzado el fuego. Éste ya estaba situado a su vera. Intentó escapar pero no pudo. La pira ya le envolvía ahogándolo en calor y humo. Mientras las flamas y el dolor descomponían su cuerpo un único pensamiento poblaba la mente de Claudio, que a la par de absurdo como último pensamiento también era irónico. Lo que Claudio penso fue: "Si ni siquiera me gusta el glof..." Aquí se acalló la mente del perturbado que siguió ardiendo en las profundidades del infierno.
domingo, 29 de abril de 2012
Sonrisas felices
La felicidad puede ser efímera pero mientras está ahí uno se siente parte del mundo, sonríe a todo el mundo, se ríe de cualquier cosa y su humor es inagotable, vamos lo que es estar feliz. La felicidad se puede hallar en cualquier lugar, en un rato con un compañero, una partida con los amigos, una película con la persona que te gusta, la sonrisa de aquella persona especial, un resultado positivo tras mucho esfuerzo o simplemente un día en el que te levantas alegre, esos días que no sabes por qué pero que no puedes dejar que nada te aplaste sea lo que sea lo superas con la risita siempre en la cara. Pues bien os preguntareis ¿A dónde quiere llegar con esto? Pues es bien sencillo, la felicidad invade mi vida y quería compartirlo con todos. ¡¡¡Os deseo la felicidad eterna!!!
domingo, 15 de abril de 2012
Intolerancia
Un nuevo comienzo siempre es difícil pues nada te suena a cercano, todo te es extraño, no sabes actuar en concordancia con las situaciones y sobre todo está la pega de la soledad. Hay lugares cuya gente le brinda una grata y calurosa bienvenida pero hay otros lugares que tienen personas agrias y más desagradables que el granizo en julio. Son éstos, pues los que se empeñan en martirizar a los nuevos, con la indiferencia en el mejor de los casos y con agresiones y maltrato psicológico en casos peores. La persona a la que suelen llamar "novato" tan sólo puede soportar dicha tortura con valor y esperanzas de que todo vaya a mejor. No obstante de entre las tinieblas siempre sobresale un rayo de luz, que por ínfimo que sea, está ahí. No todas las personas son asquerosas e imbéciles y alguien, aunque sea una sola persona te dará su apoyo con su mejor voluntad y con una sonrisa en la cara que irradia belleza y amabilidad. En resumen la tolerancia y la amabilidad son hábitos que se están perdiendo en la sociedad de hoy en día. Esto es una lástima tremenda porque las sociedades deben estar fundamentadas en la solidaridad y el compañerismo, ya que la falta de ambas cualidades sólo fomenta la injusticia y la ilegitimidad. El ser humano es un ser sociable por naturaleza, lo lleva en los genes y en la sangre, por lo tanto eliminando las facultades dichas anteriormente se destruye no otra cosa que al propio ser humano.
lunes, 27 de febrero de 2012
Ángeles
Soñando, soñé que los ángeles volaban a mi al rededor cobijándome bajo las múltiples plumas con cuya suavidad me sentía protegido. Soñé con ellos durante días, meses e incluso años. Un día desaparecieron, no sabía que podía haber ocurrido. Estuve pensando en ello bastante tiempo pero no llegué a concluir que era lo que había pasado. A veces echaba en falta aquel mundo idílico con los seres alados, ese paraíso blanco suave y reconfortante. Pasaron los años y fui olvidando aquellos sueños que de pequeño me aparaban bajo la profunda noche. La semana pasada me acordé de mis amigos oníricos y le conté a una "amiga" mis sueños con los ángeles. Hablando del tema con ella, me di cuenta de porque los ángeles ya no estaban en mis sueños. Esa misma noche se me aparecieron iracundos dándome la clave del misterio aunque yo ya lo había resuelto. La mañana siguiente decidí contarle a mi amiga el por qué dejé de soñar con los ángeles y el por qué estaban furiosos conmigo. Le dije lo siguiente: "Los ángeles están enfadados conmigo porque en vez de soñar con ellos sueño contigo".
jueves, 9 de febrero de 2012
A las puertas del cielo
Llorando desconsolado pedí que se me devolviera algo que no estoy muy seguro de que alguna vez hubiese sido mio. Despojado de todo en lo que había creído y anonadado tras lo sucedido, me arrastré hasta una casa a la que ya ni siquiera podía llamarla mi hogar. Preparándome para recibir un nuevo bofetón, porque estaba convencido de que lo habría, me deslice hasta la cama con un único pensamiento, sólo nací y sólo moriré.
Al día siguiente, maleta en mano, me dirigí al primer sitio que se me pasó por la cabeza. Altas y esbeltas columnas de mármol, paredes decoradas con pinturas color pastel adornadas de dibujos esculpidos en la piedra y en el centro un enorme reloj que marcaba la hora, eran las puertas a mi nueva vida, mi nuevo mundo. El grandioso señor del tiempo me mostraba que volvía a nacer a las nueve de la mañana de un día caluroso de agosto.
El largo monstruo de acero debía llevarme a mi nueva vida que con grandes esperanzas deseaba que fuera mejor que la anterior. Una mujer con cara pálida y cansada me ofreció lo que sería mi sustento hasta que pasaran una horas. El sudor resbalaba por mi frente acalorada y se precipitaba sin cesar por mucho que intentara inútilmente secarlo con ímpetu.
Un hombre sentado a mi lado me pidió mi nombre. Por un momento mi subconsciente me jugó una mala pasada y se asió con fuerza a un pasado que me era difícil recordar. No obstante, conseguí sobreponerme y contesté que no tenía nombre. El hombre me dijo que no le tomara el pelo, se giró y no volvió a hablarme. Sin embargo, aquel señor me había planteado una incógnita, necesita un nombre nuevo. Al cabo de unos instantes respondí que me llamaba Alejandro Dumas y me aventure a decirle que, como el propietario original de ese nombre, era escritor. Él por su parte, y siguiendo el juego, me dijo que se llamaba Rafael Alberti. Conversamos animadamente durante horas hasta que el revisor anunció mi parada.
La estación no era de lejos tan majestuosa como de la que había partido, pero me dije a mi mismo que tenía un encanto natural que me hacía preferirla. No estaba siquiera cubierta, de hecho no era más que un apeadero. Empero, lo que había a su al rededor era lo que sin duda marcaría mi vida de ese momento en adelante. Largas hileras de nubes, trozos de estrellas y miles de plumas blancas me daban la bienvenida a mi nueva vida, una más allá de la muerte.
lunes, 30 de enero de 2012
Perdón a un iluso
El último adiós, la mirada final, el penetrante desasosiego que cadencioso atormenta mi ser tan miserable como mundano. Cada día de mi luctuosa vida me arrepiento del momento que, lejos de incomodarme al recordarlo, me transporta a una época que rebosa ternura y confianza. Cierto, duele perderlo, sin embargo dolería más no haberlo tenido jamás. Es curioso como las palabras son dueñas de nuestra vida más incluso que nuestros actos. Una palabra cambia el rumbo por completo de las situaciones y las impresiones, un gracias, un perdón... Mi periplo por el mundo de las sombras, que atrapado me mantiene, anuncia una longeva vida repleta de las más tediosas desdichas lejanas a una vieja fortuna que antaño presagiaba felicidad en abundancia. Esa palabra que lo podría haber solventado todo y que, más por codicia que por orgullo, me guardé para mi. Aquel periodo de mi vida fue una orquesta de lascivas miradas y sicalípticos actos que llenaban mi ser hasta el interior más profundo. Mi perfecta biografía de infortunios manchada con la alegría de unos días. Si algún día consigo que las palabras recobren la fuerza de otros tiempos, las primeras serían lo siento.
El perdón es el agua que extermina los incendios del alma.
lunes, 9 de enero de 2012
Un amigo y lo aciago que se siente uno tras su pérdida
Intento recordar que fue aquello que me amilanó tanto en su momento. Aterrado escapé corriendo de la casa de mi amigo sin mirar atrás y sin siquiera despedirme. Cuando llegué a casa me reprendí por ser tan medroso. Mi amigo por su parte impertérrito no se sobrecogió lo más mínimo, cosa que mermó mi confianza hacia mi razón pues ésta no para de avisarme de que había estado en peligro como si de un radar se tratara. Cuando logré calmar mi respiración entrecortada y pude concentrarme, repasé los hechos y lo único que era capaz de rememorar era una angustiosa sensación en el pecho como si el aire no quisiera penetrar hacia mis pulmones mas sabía que respiraba sin problemas. Tras unos minutos cavilando decidí volver a casa de mi amigo a disculparme por mi inexplicable comportamiento que debió sorprender tanto a mi compañero. Nada más llegar a linde de la parcela esa sensación de agonía e impotencia volvió a aparecer, no obstante me armé de valor y continué avanzando. Con cada paso mi congoja iba en aumento y mis deseos de desvanecerme del lugar se incrementaban a su vez. Con el décimo paso las piernas me fallaron, o eso pensé yo, porque lo siguiente que recuerdo es estar tendido en el césped con mi amigo a mi vera. Sin embargo era él el que me había tumbado o eso me explicó más adelante. Según su versión había perdido el conocimiento pero me había mantenido de pie sin dificultades. Con el tiempo tanto mi amigo como yo decidimos olvidarnos del acontecimiento aunque no volví a poner un pie en el hogar de mi camarada. Con los años nos fuimos distanciando. Él se fue a estudiar al extranjero y yo me quedé en el conservatorio de la ciudad impartiendo lecciones de solfeo. Un día sin saber muy bien por qué regresé a mi casa dando un rodeo y pase por el caserón donde antes habitó mi viejo amigo. En ese momento estaba ocupado por personas que debieron adquirir la propiedad hacía tiempo. En ese momento lo que sentí no fue abatimiento y desesperación sino pena y tribulación por no poder volver a ver a mi antigua amistad a la que me encantaría ver aunque fuese en detrimento propio por aguantar el dolor que me producía su casa misteriosamente. Mi desazón fue elavándose con los días pues cada día sin faltar uno pasaba por delante de la casa. Una tarde mi perdida se convirtió en mi puñal y la vieja casa mi tumba y el asesino no fue más que aquello que perdí. La pena acabó con mi vida como si de arena se tratase. La familia que allí vivía me encontró y llamaron a una ambulancia. Ahora años después y con la ayuda de muchos psicólogos mi viva se consiguió salvar. Los médicos me aconsejan reposo y una vida tranquila, pero yo sigo buscando en secreto aquel amigo que perdí por mi cobardía. Un amigo es el apoyo que mejor soporta la vida de las personas, no se debe permitir que nada ni nadie separe a dos buenos amigos.
martes, 3 de enero de 2012
La estrella :)
Estaba emocionado. Hacía cerca de un año que lo esperaba con ansiedad y estuvo pronto cuando oyó unos pasos en el comedor. Raudo saltó de la cama y a paso de caracol, con mucho cuidado de no ser escuchado, se aventuró en el largo pasillo que desembocaba en el recibidor. A media distancia de éste se hallaba el comedor con el preciado y cadencioso murmullo del aire nocturno de la periferia mallorquina. Al llegar ante la puerta de la sala con el supuesto pero preciado tesoro se adentró mas cual fue su sorpresa de no encontrar aquello que buscaba. La estancia seguía como habitualmente. Su mesa donde cada día la familia se reunía permanecía en su sitio, los sofás carentes de ilusión continuaban en frente de la televisión, hogar de sus sueños y esperanzas matutinas hasta que llega la hora de irse a la escuela. Apunto estaba de volver a su habitación cuando se percató de una pequeña llama que alumbraba la terraza cuya puerta abierta a sus propósitos permitía ver el fulgor de dicha lumbre. Salió a ésta pertrecho con, tan sólo, su pijama, su albornoz y sus pantuflas. Fuera pudo contemplar a una pequeña estrella que extraviada del firmamento parecía sonreirle. Poco tardo el astro en saber de su presencia y salió disparado hacia el cielo donde sus compañeras lo aguardaban. Con la vista dirigida a las alturas y con los ojos con lágrimas contenidas de asombro se presentó ante sí una escena que cerca de parecer soñada fue bien real. Las ovejas pastaban, en un día esplendido, en las praderas mallorquinas y los caballos galopaban libremente sin ataduras ni tapujos. El ser humano parecía no existir en esta realidad o por lo menos no hacía acto de presencia. Todo era feliz y próspero. De repente todo se oscureció, la noche había llegado y el cielo lejos de ser tan estrellado como el que acababa de ver era totalmente yermo, vacío salvo por una sola estrella la estrella que le había sonreído y a la que él correspondió de la misma forma.
A la mañana siguiente despertó con la imagen de la estrellita gravada en su cabeza. Su madre fue a despertarle con una noticia que cambió su semblante de anonadado a jubiloso ¡Habían venido! Corriendo se precipitó por el largo pasillo llegando al comedor que esta vez si había sufrido un gran cambio. Los regalos rebosaban en los sillones y los dulces desparramados por la mesa dejaban entrever una nota que asomaba vergonzosa entre las monedas de chocolate. La nota decía así: Recuerda que las estrellas son la guía que nos lleva a todas las partes del mundo. Encuentra tu estrella y si lo has hecho acuérdate de ella, nunca se sabe cuando te hará falta ;)
martes, 20 de diciembre de 2011
Feliz cumple Nuria :D
Un 20 de diciembre quiso el mundo que nacieras. A las puertas del duro invierno, tú la más pequeña de tu familia, tradición que tuvo su continuación en el colegio, llegaste al mundo con un alma cálida y bondadosa que ilumina a todos y da refugio en la época más fría del año. Eres la peque pero de enjuta nada porque tu inteligencia y tu infinita paciencia crecen día a día en un cuerpo que, lejos de ser una inocente niña, ha ido creciendo a la vez que tú misma como persona. Un año más ha pasado y la meta de los 18 que antes se presentaba a lo lejos esta más cerca que nunca.
Este año por tu cumple algo ha cambiado una vela más se añade a tu tarta y en este día tan especial para tí quiero que sepas que hay alguien que desde la distancia se une a tu soplo de esperanza, con la ilusión de que el nuevo año que comienzas a vivir te colme de felicidad. FELIZ CUMPLEAÑOS :D
Para finalizar te dedico una frase filosofica que se que te gustan mucho :3 Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los "cómos". (Nietzsche)
jueves, 8 de diciembre de 2011
Dolor sin sentido
Dolor es lo que siento. Dolor es lo que necesito. Afecto, me falta. Afecto, lo odio. Así vivo mi vida desde que tengo uso de razón. Solo en el mundo hube de aprender a sobrevivir pasando por encima a los demás y alejándome de ellos como si lepra tuvieran. El vacío de mi interior hace que me vuelva iracundo cuando alguien está envuelto de dicha. En esos casos yo no puedo sino estropeársela para saciar mi hambre y desesperanza. Con lágrimas en los ojos me voy a la cama día tras día con la certeza de que la jornada siguiente estropearé la felicidad de alguien más. A veces pienso que si el mundo se hubiese portado mejor conmigo yo así lo haría con mis semejantes. Yo tenía un amigo al que exprimí toda la bondad que me profesaba ahogándolo en amargura. Pese a ello él continuaba mostrándome su mejor sonrisa sin enfadarse. Un día conseguí aplacar su amabilidad, la cual creía infinita, y se fue de mi lado para siempre dejándome tan solo una frase para que lo recordara: Puede que la cuna de una persona le influya pero cada persona es la responsable de moldear su vida y eliminar aquello que crea suprimible, recuerda que yo estuve a tu vera y me echaste a patadas. Hoy sigo siendo un cretino que no cuida lo que aprecia aunque a veces me acuerdo de mi amigo y derramo un líquido transparente que me resbala por la cara. Algunos se atreven a afirmar que lloro, yo tras encajarles unos cuantos puñetazos les digo que se me ha metido algo en el ojo. El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.
domingo, 20 de noviembre de 2011
El bufón de la corte
El jocoso arlequín bailaba entre las mesas del comedor. Sus cadenciosos movimientos embelesaban a toda la corte, incluida la princesa Rosa. A primera vista el joven bufón podía parecer enjuto, pero las apariencias engañan. Grandes hazañas, a las que sus majestades eran ajenas, precedían al timorato mozo que en ese momento danzaba, no obstante no vienen al caso. Mientras se movía cual serpiente hechizada, lanzaba miradas lascivas a la primogénita del rey quien, lejos de desagradarle esta peyorativa acción, seguía el juego al muchacho devolviéndole miradas igual de voluptuosas.
La princesa, por todos deseada, era la joya de su majestad, algunos incluso se atrevían a afirmar que estaba enamorado de ella. El rey pecaba de orgullo y afirmaba que su niñita no se podía prendar de un hombre cualquiera pues su dote superaba el capital de todos los súbditos juntos. Sin embargo, su excelencia era también ingenua y no se percataba de que su hija se estaba enamoricando de su fiel sirviente. La cena llegó a su fin y cada uno se dirigió a sus dependencias, todos menos el vivaracho bailarín.
Tan pronto como le fue posible, se escabullo de entre los sirvientes y raudo como el rayo se deslizó hasta la habitación de la muchacha. Allí estaba ella, su tez blanca como la nieve desbordaba hermosura y sus cabellos rojizos casi como el fuego descendían en bucles hasta su cadera, que en sí también era perfecta. Su silueta, foco de toda la luz de la habitación, no tenía parangón. Llevaba un camisón de seda translúcido veleidoso en su movimiento por la brisa. Tras ver al arlequín aún con sus estrafalarios ropajes, disimuló una tímida sonrisa. Pese a presentarse como lo hizo el joven ella permaneció impertérrita. Con una voz dulce y calmada le dijo al bufón: "Ladino caballero, cómo es que usted ha entrado en mis aposentos burlando a mis guardas y conquistando no otra cosa sino mi corazón". Éste no contestó de inmediato, se acercó a ella y dijo: "Mi señora, prosaico de mi me presento a su merced, aunque sea en detrimento propio si su padre se percata de mi presencia en vuestra cámara. Tengo un desazón guardado dentro de mí y he de liberarlo". La princesa contesto con celeridad: "Dígame como puedo calmar su pesar, y si en mi mano está socorrer vuestros delirios puedes estar seguro de que lo haré".
El mancebo se aproximó aún más a la doncella y compartieron un límpido ósculo que desencadenó una demostración de alharaca que les llevó a lecho de la princesa. El cuerpo del joven era el auspicio de la heredera y bajo el amparo del dosel se almohazaron mutuamente hasta el amanecer. Cuando el Sol asomó por el ventanal la pareja ya no descansaba entre las sabanas. Se habían fugado por éste. El rey puso precio a aquel que le había hurtado a su preciado diamante pese a no saber quien había sido. Poco tardó en atar cabos y denunció al arlequín condenándolo a la horca. Empero, los jóvenes amantes estaban lejos del reino en un lugar donde nada les podía afectar, un lugar ubérrimo e idílico donde vivieron el resto de sus vidas.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Nieve
Nevaba, el invierno había llegado. De repente un copo estrellado rozó su mejilla. Éste, al ser atravesado por un haz de luz, había brillado con un resplandor azulado antes de tocar su carrillo. Una vez en su rostro, se fundió en una gota de agua que lentamente fue descendiendo hasta la barbilla. Una vez allí, la gota se precipitó hasta el vacío de un precipicio enorme tan alto como el humano propietario de aquel rostro. Éste no era otro que una niña de extrema belleza. Cabellos negros como el azabache colgaban a ambos lados de su cara. Ésta poseía los ojos castaños de una profundidad casi fantasmagórica que le hacían propietaria de una misteriosa y mística esencia y que otorgaban una serenidad de espíritu a todo aquel que los observaba. Sus labios se encontraban en una perfecta comisura ni muy recta ni muy doblada.
El invierno había llegado y la nieve caía. Y a su vez ella caminaba. El frío elemento continuaba descendiendo en su albura. Cansada de andar, se paró para contemplar la bella escena: Un bosquecillo repleto de castaños, ahora sin hojas, y helechos, musgo y hojarasca sepultados bajo un manto blanco refulgente. La nevada languideció hasta transformarse en cellisca. Decidió sentarse bajo el amparo de una secuoya perdida de entre los múltiplas castaños. Sacó de su fardo, ya viejo y estropeado, un mendrugo de pan y empezó a comérselo. Entonces vio a un joven petirrojo y tras un suspiro desmigó el pan de centeno y se lo entregó al aciago animal. La niña tan bondadosa como era fue perdiendo las fuerzas de hambre y frío y, al abandonarle los sentidos, fue vencida por el sueño, un sueño del que jamás despertó. Los animales del bosque parecieron velarla con sus cánticos, y el viento fue perdiendo fuerza conforme su vida se escapaba, así hasta que cesó. Los habitantes del las aldeas cercanas al lugar donde pereció la bella muchacha, la encontraron abrazada a una pluma de petirrojo una pluma que como muchos decían, había sido su égida en su camino al mundo perfecto e inmortal donde viven los espiritus.
viernes, 28 de octubre de 2011
Pérdida
Una verde pradera se extendía hasta lontananza. Esta tierra ubérrima estaba situada en el extremo este del continente al lado de una altas colinas que hacían que uno pudiera gozar de la beldad del paisaje. a los laterales del prado estaban ubicados grandes arboles que unidos formaban robledales, que otorgaban los tonos rojizos y rosados el la época del brote de las hojas, y abedulares, los cuales tornaban de color plata todo el paisaje en verano. En el medio de la braña circulaba un río que caracterizaba al paisaje con esa alegría típica de los lugares de alta montaña.
El hombre al observar tal espectáculo dio la orden de alto a toda la comitiva, introducida por su esposa y finalizada por su hijo mayor. Sacaron los bocadillos y las bebidas que habían guardado para el momento, y empezaron a comer. El hijo menor, de tan solo 4 años, se fijó en una pequeña flor que de otros he sabido que se llama edelweiss. Blanca como la nieve y preciosa como el mineral más puro de todos. Una mariposa minúscula se posó en uno de sus delicados pétalos. El niño deseoso de poseer a ese ser, a su parecer casi perfecto, se levantó y siguió al animalito. Nadie se percató de la ausencia del pequeño hasta que todo estuvo apunto para comenzar a comer. Todos salieron en su búsqueda mientras el hijo mediano dedicaba arengas a su madre que, compungida, lloraba por la perdida de su hijo menor achacándose la culpa de no vigilarlo. Al no encontrarlo pasadas las 9 de la tarde la familia decidió llamar a las fuerzas del orden para que éstas se hicieran cargo del caso.
Mientras todo esto ocurría, el niño anduvo hasta el linde del bosque y penetró en éste. Cuando se dio cuenta de que le era imposible volver con su familia, ya que desconocía el camino que había seguido para llegar a ese lugar, empezó a plañir. Ansioso por volver al lado de sus seres queridos, corrió rápidamente perdiéndose más en la espesura de la arboleda. Al cabo de unos minutos se detuvo. El paraje en el que se encontraba en ese momento correspondía a un claro con un pequeño montículo de raíces colocado de forma que quedaba un hueco debajo. El pequeño lánguido se tendió sobre la hojarasca y se quedó dormido al instante. Al despertarse descubrió que era de noche, y sintió mucho miedo y frío. Se refugió bajo el montículo de raíces al amparo de los robles, los castaños, los abedules y las hayas. Volvió a quedarse profundamente dormido.
A la mañana siguiente, le despertó el canto de un ruiseñor. Estaba aterido y le dolían los huesos. Pasó la mañana sollozando y gimiendo en su ostracismo. No obstante, al llegar el Sol a la cumbre de su recorrido, un hombre, vestido con una camisa a cuadros y un peto, apareció de entre los matorrales. Sorprendido, preguntó la causa de su soledad en tan extraño lugar. El niño temeroso del hombre respondía a sus preguntas con frases cortas y precisas, todo lo que pueden ser para un crío de su edad. El hombre le prometió llevarlo con su familia y el chaval lo siguió sin rechistar. Entrada la tarde llegaron al aparcamiento donde se debía estacionar el coche antes de iniciar la ruta que hizo con sus padres el día anterior. Allí estaban un montón de guardias civiles, los cuales se sorprendieron al ver al niño. El salvador del chico respondió a las preguntas de los agentes y le dijo al chiquillo que estaba en buenas manos. Al poco tiempo, se produjo el reencuentro familiar tan esperado en el que todos prometieron resarcir al miembro más joven del grupo. La madre tenía lagrimas en los ojos y los demás poseían las sonrisas más felices de todo el universo. Los seres queridos son insustituibles y muy pocas veces los tratamos con el respeto que se merecen. Hay que cuidar a lo que se ama para después poder ser amado.
sábado, 22 de octubre de 2011
Futuro trágico pero evitable
El plateneta es un lugar maravilloso e ignoto. Hay lugares que amilanan al más bravo y sitios que almohazan hasta las flores más hermosas. No obstante, hay gente que es aciaga en él. ¿Por qué sucede esto? me suelo preguntar. No di con la solución hasta hace bien poco. No ven el mundo que les rodea, la beldad de las cosas son soslayadas a sus ojos. Siempre soliviantados y con prisas, los seres humanos obvian que su alrededor es infinitamente mejor que sus batallas en el trabajo (o en tratar de tenerlo) y en la familia.
Tenemos un pacto de sangre para con el planeta Tierra, cómo vamos a cumplirlo si no nos damos cuenta de que existe. En el futuro el ser humano contrito, mirará sus obras del pasado. Quedarán en lontananza lagos inmensos como el corazón de más honrado, los glaciares y polos fríos y poderosos como la mirada del más orgulloso y los bosques preciosos como ningunos y pulmones de la madre Tierra como el alma del más generoso. Estamos destruyendo a nuestro planeta sin percatarnos siquiera y, mientras tanto, nos destruimos a nosotros mismos. Por eso sentimos un desazón tan grande y profundo. Tengamos un detalle con el planeta, hogar nuestro, de nuestros amigos y de nuestra familia. No hacen falta paroxismos, con un granito de arena cada uno el mundo será mucho más acogedor y feliz. Así la Tierra podrá seguir pertrecha para ocuparse de nuestras necesidades como gratitud a nuestro gesto.
"Sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero."
Sabiduría indoamericana
jueves, 20 de octubre de 2011
Estrés, estrés y más estrés
En ésta etapa de nuestra vida, hemos de demostrar madurez y solidez ante los problemas del día a día. Este curso se nos va a resistir, prueba de ello es el examen de historia que hemos hecho hoy, que nada más verlo muchos hemos sentido la necesidad de poner pies en polvorosa y salir pitando de allí. Todo es memorizar términos e ideas además de redactar y exponer todo con claridad y precisión. Miedo tengo al miércoles, ya que alberga el temido examen de biología, que si no comprende todas las palabras dadas en las lecciones, a mi parecer de origen marciano, poco le faltará. El cerebro no es infinito y va acabar explotando. Al finalizar el curso deberemos saber, comprender y expresar todo aquello que aprenderemos en el transcurso de éste. Una ardua tarea se nos presenta en nuestro devenir, pues si no podemos con las tareas que hoy nos ocupan, cómo podemos aseverar que podremos con todas las de hoy y las de mañana. La vida del estudiante es fácil, suelen decir los mayores, y quizá lo sea, pero mientras que se demuestre lo contrario el estudio será tan pesado como los libros que debemos estudiar, no poco y lo puedo asegurar.
Aún no he hablado de la selectividad, objetivo del estudiante de 2º de bachillerato superarla. Ésta es el gran reto de los estudiantes del siglo XXI. Una sucesión de exámenes cada uno igual o más difícil que el anterior, de una gran variedad de materias, algunas aburridas hasta decir basta. Y mi pregunta es: ¿Por qué hay que pasar esa prueba, no están los profesores cualificados del mismo modo para calificar con equidad y rectitud a todos sus alumnos, al fin y al cabo son elegidos por el gobierno? En teoría la nota del bachiller debería ser suficiente, pero existen ciertas instituciones privadas y concertada que, generalmente, tienden a elevar la nota media estudiantil, dejando con menos posibilidades a los alumnos procedentes de escuelas públicas, que no por eso son peores. En conclusión, los estudiantes de bachillerato deben "apechugar" con sus problemas, que por si fuera poco deben compaginar con su inestabilidad emocional típica de la edad, para salir a delante. ¡A tope, que podemos!
miércoles, 12 de octubre de 2011
Cambios y tonterías
¿Quién no ha querido cambiar alguna vez? El cambio es un periplo que lleva al ser humano a hacer cosas que no desea para convertirse en aquello que codicia. Las cosas no deseadas son aquello a lo que solemos llamar sacrificios. Éstos nos persiguen como si no buscáramos otra cosa, y en el fondo son inútiles pues no sirven para nada. Volviendo a los cambios, todo ocurre por una razón y si alguien quiere cambiar debe ser por algo. Generalmente es, o bien porque los demás no lo quieren tal y como es, o bien el individuo en cuestión no se acepta a sí mismo. La culpa es, ciertamente, de la sociedad de hoy en día, obcecada en la moda y en ir siempre a la última con todo. Un cambio implica deshacerse de una parte de uno mismo que normalmente suele ser la más original y lo que más lo destaca como persona y ser único. No obstante, el empeño por cambiarse suele llevar al individuo de vuelta al inicio, ya que desprenderse de un carácter que ha acompañado al ser todo su vida suele ser un ardua tarea. Y os preguntareis por qué hablo de todo esto y es porque nada ocurre por casualidad. Todo lo que pasa tiene un porqué. Tal vez el cerebro no lo sepa, puede que jamás lo imagine. Pero el corazón lo sabe. El corazón siempre lo sabe. Y da igual intentar cambiase, no es necesario. Lo verdaderamente importante en esta vida es disfrutarla y fruir de ella. Todos los seres humanos son especiales y cada uno guarda dentro de el un mundo por descubrir. ¿Has descubierto ya el tuyo? Si es así no lo cambies, es lo mejor que tienes.
Todo aquel que tiene una razón para vivir puede soportar cualquier forma de hacerlo. (Nietzche)
miércoles, 5 de octubre de 2011
El asesino. Parte 1
La habitación era amplia, con una decoración recargada a base cuadros, estanterías llenas de libros, y demás muebles. Agazapado debajo de la mesa pudo observar un suceso atroz que le cambiaría la vida en los sucesivos meses. Encima de la mesita, detrás del sillón favorito de su madre se encontraba el codiciado teléfono. Porqué digo codiciado, ahora lo entenderéis. A mediados de noviembre, Héctor llegó a casa después de acabar la escuela. Al entrar enseguida notó que algo estaba fuera de lugar. Un olor espesaba el ambiente y le dotaba de un cariz pesado. Tardó un instante pudo identificar aquel aroma. Era canela. En primer lugar pensó que su madre debía estar haciendo una tarta o algún que otro alimento de repostería a los que era tan aficionada. Pero enseguida se dio cuenta de que había pensado una estupidez, ya que su madre no salía de trabajar hasta dos horas después. Decidió dejarlo pasar, no pensaba que la canela fuera muy amenazadora. No obstante se equivocaba. Siguió caminando para llegar a su cuarto y desasirse de su mochila. Fue a la cocina para hacerse la merienda, pero al pasar por delante del despacho vio la luz encendida y entró para apagarla. Entonces oyó un ruido en la habitación contigua. A ésta solo se podía acceder desde el despacho, su padre la había mandado construir para tener un rincón privado en el que pensar y trabajar. El ruido se repitió, y se asustó. Estuvo apunto de marcharse cuando se acordó de que su padre libraba ese día. "Debo recordar las cosas más a menudo sino algún día me llevaré un disgusto", se reprendió. Estuvo tentado de llamar a su padre pero un tercer ruido disipó sus ganas. Este ruido estuvo acompañado de la puerta de la habitación saltando por los aires. Se escondió bajo la mesa con celeridad justo a tiempo para observar como su padre salia despedido del cuarto contiguo con casi la misma fuerza que la puerta. Seguidamente un hombre salió al despacho. Era alto y fuerte. Su rostro estaba oculto tras un pasamontañas negro. Su padre le suplicaba clemencia, sin embargo, el atacante se resistía a contestar mientras lo apuntaba con un cuchillo de carnicero. El criminal le susurró algo al padre de Héctor. Desde su escondite pudo leer, no sin esfuerzo, sus labios. Entendió algo así como tu no eres nada para mí, ya no. Mi padre se puso blanco como la cera y empezó a chillar. Ya podía gritar lo que quisiera que no lo escucharían, no viviendo en medio del campo de maíz más grande de la región, pensó Héctor mientras se horrorizaba cada día más por su padre. Entonces fue cuando divisó el teléfono. Aquí estamos en el punto de partida. El teléfono era lo único que podía salvar a su padre, debía llamar a la policía. El único inconveniente es que entraría en el campo visual del agresor un segundo aproximadamente. Consiguió pasar inadvertido hasta llegar al sofá. El atacante estaba tan concentrado en su padre que no se percató de su presencia. Empero sus esfuerzos fueron en vano. Su padre fue acuchillado a sangre fría tan pronto como descolgó el auricular. El asesino partió de la casa sin ningún tipo de remordimiento. Héctor se quedó helado observando el cuerpo de su padre. Su rostro estaba petrificado y desencajado en un cuerpo sin vida manchado de sangre de un rojo metálico. Héctor lloró y a su llanto se unió los gritos de una mujer que acababa de llegar a casa. Su madre. Ella llamó a la policía. Héctor tuvo que rememorar su experiencia para su madre y un policía que se mostró de lo más simpático, mas nada aliviaba su dolor. Él y su madre se mudaron por un programa de protección especial del estado. Al llegar a su nuevo hogar estaban lánguidos y con ganas de llorar pero sin una sola lágrima que derramar, ya que se habían secado plañendo por un hombre que jamás volverían a ver.
martes, 4 de octubre de 2011
El bar y el orgullo perdido
Estaba sentado en su sitio habitual. Era medianoche. Pensaba en como podía haber llegado hasta este punto mientras, con la mirada perdida, observaba su vodka violeta. Éste había sido siempre su bebida predilecta. Entonces una voz le sobresaltó sacándolo de sus profundas reflexiones:
"¿A qué hora piensas irte hoy?" El hombre tardó un rato en reaccionar.
"No muy tarde Conrad." Respondió. "No quiero molestar" Apostilló.
"Sabes que a mí no me importa, tómate el tiempo que necesites." Dijo saliendo por la puerta para empleados.
Conrad era el camarero del Cisne Blanco, el local que cada noche frecuentaba. Lo conoció la primera noche que visitó aquel antro, bueno por aquel entonces era el pub más fastuoso de toda la ciudad. Aquel día había sido el día en el que su vida cambió dando un giro de 360º. Mejor será que explique lo que pasó:
Axel era el típico empleado de una gran empresa, un triunfador con mucha clase dispuesto a comerse el mundo. Sin embargo, un día su jefe lo llamó, y entonces empezaron los problemas. Cuando entró al despacho de su superior, se percató que su caudillo no llevaba el aspecto jovial que lo caracterizaba. Tenía unas ojeras prominentes, el pelo enmarañado y desgarbado y su traje de Victorio y Lucchuino, del que tanto solía presumir, estaba sucio y parecía que lo tenía desde hacía lustros. Entonces le habló: "Axel, me temo que traigo malas nuevas." Un nudo se empezó a formar en su garganta. El jefe siguió. "En los últimos años la empresa ha ido de capa caída y no disponemos de un presupuesto lo suficientemente amplio como para abordar todos los gastos de los diferentes departamentos de la compañía." Mientras hablaba el nudo seguía enrollándose más y más, tanto que hasta le costaba decir frases tales como sí y lo sé señor. El director de la empresa proseguía. "Uno de los departamentos que menos beneficios nos reporta y que mas gastos produce es el tuyo Axel. Así que, a mi pesar, debemos clausurarlo." Ahora venía lo que más miedo le daba. "Axel hemos de prescindir de tus servicios, estás despedido". Tras esa frase salió del despacho sin inmutarse siquiera. Por qué no dijo nada me es un misterio, pero supongo que aquel nudo del que os he hablado se había hecho de tal envergadura que le era imposible articular ni una palabra. Así que recogió todas sus pertenencias y se dirigió a su coche para recorrer el largo trecho que le separaba de su casa.
Al llegar lo primero que se encontró fue que la casa estaba completamente vacía pese ser más de las diez de la noche. Su mujer debía de haber llegado ya, su turno en la fábrica acababa a las siete de la tarde. Fue por el pasillo hasta su cuarto para cambiarse y descansar de la fatigante jornada que había tenido. Cuando alcanzó el linde de la puerta, automáticamente se fijó en el galimatías que allí había montado. Lo primero que pensó fue que habían entrado a robar y que su mujer podría estar en peligro, pero luego se percató de la nota que reposaba en la almohada. La cogió con delicadeza y, una vez la hubo leído, las lagrimas empezaron a desbordarse por sus ojos. La nota era una carta de despedida, y decía así: Axel, mil gracias por todas las risas, todas tus alharacas de afecto ocasionales y todos los ratos que disfrutamos juntos. Te escribo esto porque no sabría como decírtelo a la cara. Hace meses que me estoy planteando lo que te voy a decir. Mi vida ha sido una tormenta de desgracias una tras otra, lo único bueno de esta vida ha sido conocerte. Hace tiempo que me despidieron del trabajo aunque tú no lo sabías.Además me han pasado un montón de cosas que tú ya sabes. Lo único que me sostenía eras tú. Empero siento que soy una carga para ti. Por eso he tomado la decisión de dejar este mundo para vivir feliz en el siguiente. Te esperaré. Vive ufano y sobretodo espero que puedas perdonarme. Me llevaré conmigo el colgante que me regalaste cuando nos conocimos para que te guíe cuando me busques en el cielo. No hay suficientes palabras para expresar lo que siento por ti. Te quiero. Pasaron horas y él seguía sentado en la cama plañendo y reflexionando. Pensó en suicidarse para seguir a su amada Valentina, pero no tenía el valor suficiente y además estaba lánguido.
El tiempo transcurría y aún no se decidió a moverse. Al llegar a la una de la madrugada, sintió la acuciante necesidad de emborracharse. Cogió el coche y fue a la parte de la ciudad donde había mayor concentración de bares. Vio uno que le llamó la atención y estacionó el auto. Entró y le preguntó al camarero que le recomendaba. Éste le dijo que el vodka violeta era la especialidad de la casa. El pidió uno y que le dejaran la botella. Desde entonces cada noche va a ese bar, incluso cuando pasó de moda. Allí iba ahogando sus penas en el vodka violeta.
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