lunes, 27 de febrero de 2012
Ángeles
Soñando, soñé que los ángeles volaban a mi al rededor cobijándome bajo las múltiples plumas con cuya suavidad me sentía protegido. Soñé con ellos durante días, meses e incluso años. Un día desaparecieron, no sabía que podía haber ocurrido. Estuve pensando en ello bastante tiempo pero no llegué a concluir que era lo que había pasado. A veces echaba en falta aquel mundo idílico con los seres alados, ese paraíso blanco suave y reconfortante. Pasaron los años y fui olvidando aquellos sueños que de pequeño me aparaban bajo la profunda noche. La semana pasada me acordé de mis amigos oníricos y le conté a una "amiga" mis sueños con los ángeles. Hablando del tema con ella, me di cuenta de porque los ángeles ya no estaban en mis sueños. Esa misma noche se me aparecieron iracundos dándome la clave del misterio aunque yo ya lo había resuelto. La mañana siguiente decidí contarle a mi amiga el por qué dejé de soñar con los ángeles y el por qué estaban furiosos conmigo. Le dije lo siguiente: "Los ángeles están enfadados conmigo porque en vez de soñar con ellos sueño contigo".
jueves, 9 de febrero de 2012
A las puertas del cielo
Llorando desconsolado pedí que se me devolviera algo que no estoy muy seguro de que alguna vez hubiese sido mio. Despojado de todo en lo que había creído y anonadado tras lo sucedido, me arrastré hasta una casa a la que ya ni siquiera podía llamarla mi hogar. Preparándome para recibir un nuevo bofetón, porque estaba convencido de que lo habría, me deslice hasta la cama con un único pensamiento, sólo nací y sólo moriré.
Al día siguiente, maleta en mano, me dirigí al primer sitio que se me pasó por la cabeza. Altas y esbeltas columnas de mármol, paredes decoradas con pinturas color pastel adornadas de dibujos esculpidos en la piedra y en el centro un enorme reloj que marcaba la hora, eran las puertas a mi nueva vida, mi nuevo mundo. El grandioso señor del tiempo me mostraba que volvía a nacer a las nueve de la mañana de un día caluroso de agosto.
El largo monstruo de acero debía llevarme a mi nueva vida que con grandes esperanzas deseaba que fuera mejor que la anterior. Una mujer con cara pálida y cansada me ofreció lo que sería mi sustento hasta que pasaran una horas. El sudor resbalaba por mi frente acalorada y se precipitaba sin cesar por mucho que intentara inútilmente secarlo con ímpetu.
Un hombre sentado a mi lado me pidió mi nombre. Por un momento mi subconsciente me jugó una mala pasada y se asió con fuerza a un pasado que me era difícil recordar. No obstante, conseguí sobreponerme y contesté que no tenía nombre. El hombre me dijo que no le tomara el pelo, se giró y no volvió a hablarme. Sin embargo, aquel señor me había planteado una incógnita, necesita un nombre nuevo. Al cabo de unos instantes respondí que me llamaba Alejandro Dumas y me aventure a decirle que, como el propietario original de ese nombre, era escritor. Él por su parte, y siguiendo el juego, me dijo que se llamaba Rafael Alberti. Conversamos animadamente durante horas hasta que el revisor anunció mi parada.
La estación no era de lejos tan majestuosa como de la que había partido, pero me dije a mi mismo que tenía un encanto natural que me hacía preferirla. No estaba siquiera cubierta, de hecho no era más que un apeadero. Empero, lo que había a su al rededor era lo que sin duda marcaría mi vida de ese momento en adelante. Largas hileras de nubes, trozos de estrellas y miles de plumas blancas me daban la bienvenida a mi nueva vida, una más allá de la muerte.
lunes, 30 de enero de 2012
Perdón a un iluso
El último adiós, la mirada final, el penetrante desasosiego que cadencioso atormenta mi ser tan miserable como mundano. Cada día de mi luctuosa vida me arrepiento del momento que, lejos de incomodarme al recordarlo, me transporta a una época que rebosa ternura y confianza. Cierto, duele perderlo, sin embargo dolería más no haberlo tenido jamás. Es curioso como las palabras son dueñas de nuestra vida más incluso que nuestros actos. Una palabra cambia el rumbo por completo de las situaciones y las impresiones, un gracias, un perdón... Mi periplo por el mundo de las sombras, que atrapado me mantiene, anuncia una longeva vida repleta de las más tediosas desdichas lejanas a una vieja fortuna que antaño presagiaba felicidad en abundancia. Esa palabra que lo podría haber solventado todo y que, más por codicia que por orgullo, me guardé para mi. Aquel periodo de mi vida fue una orquesta de lascivas miradas y sicalípticos actos que llenaban mi ser hasta el interior más profundo. Mi perfecta biografía de infortunios manchada con la alegría de unos días. Si algún día consigo que las palabras recobren la fuerza de otros tiempos, las primeras serían lo siento.
El perdón es el agua que extermina los incendios del alma.
lunes, 9 de enero de 2012
Un amigo y lo aciago que se siente uno tras su pérdida
Intento recordar que fue aquello que me amilanó tanto en su momento. Aterrado escapé corriendo de la casa de mi amigo sin mirar atrás y sin siquiera despedirme. Cuando llegué a casa me reprendí por ser tan medroso. Mi amigo por su parte impertérrito no se sobrecogió lo más mínimo, cosa que mermó mi confianza hacia mi razón pues ésta no para de avisarme de que había estado en peligro como si de un radar se tratara. Cuando logré calmar mi respiración entrecortada y pude concentrarme, repasé los hechos y lo único que era capaz de rememorar era una angustiosa sensación en el pecho como si el aire no quisiera penetrar hacia mis pulmones mas sabía que respiraba sin problemas. Tras unos minutos cavilando decidí volver a casa de mi amigo a disculparme por mi inexplicable comportamiento que debió sorprender tanto a mi compañero. Nada más llegar a linde de la parcela esa sensación de agonía e impotencia volvió a aparecer, no obstante me armé de valor y continué avanzando. Con cada paso mi congoja iba en aumento y mis deseos de desvanecerme del lugar se incrementaban a su vez. Con el décimo paso las piernas me fallaron, o eso pensé yo, porque lo siguiente que recuerdo es estar tendido en el césped con mi amigo a mi vera. Sin embargo era él el que me había tumbado o eso me explicó más adelante. Según su versión había perdido el conocimiento pero me había mantenido de pie sin dificultades. Con el tiempo tanto mi amigo como yo decidimos olvidarnos del acontecimiento aunque no volví a poner un pie en el hogar de mi camarada. Con los años nos fuimos distanciando. Él se fue a estudiar al extranjero y yo me quedé en el conservatorio de la ciudad impartiendo lecciones de solfeo. Un día sin saber muy bien por qué regresé a mi casa dando un rodeo y pase por el caserón donde antes habitó mi viejo amigo. En ese momento estaba ocupado por personas que debieron adquirir la propiedad hacía tiempo. En ese momento lo que sentí no fue abatimiento y desesperación sino pena y tribulación por no poder volver a ver a mi antigua amistad a la que me encantaría ver aunque fuese en detrimento propio por aguantar el dolor que me producía su casa misteriosamente. Mi desazón fue elavándose con los días pues cada día sin faltar uno pasaba por delante de la casa. Una tarde mi perdida se convirtió en mi puñal y la vieja casa mi tumba y el asesino no fue más que aquello que perdí. La pena acabó con mi vida como si de arena se tratase. La familia que allí vivía me encontró y llamaron a una ambulancia. Ahora años después y con la ayuda de muchos psicólogos mi viva se consiguió salvar. Los médicos me aconsejan reposo y una vida tranquila, pero yo sigo buscando en secreto aquel amigo que perdí por mi cobardía. Un amigo es el apoyo que mejor soporta la vida de las personas, no se debe permitir que nada ni nadie separe a dos buenos amigos.
martes, 3 de enero de 2012
La estrella :)
Estaba emocionado. Hacía cerca de un año que lo esperaba con ansiedad y estuvo pronto cuando oyó unos pasos en el comedor. Raudo saltó de la cama y a paso de caracol, con mucho cuidado de no ser escuchado, se aventuró en el largo pasillo que desembocaba en el recibidor. A media distancia de éste se hallaba el comedor con el preciado y cadencioso murmullo del aire nocturno de la periferia mallorquina. Al llegar ante la puerta de la sala con el supuesto pero preciado tesoro se adentró mas cual fue su sorpresa de no encontrar aquello que buscaba. La estancia seguía como habitualmente. Su mesa donde cada día la familia se reunía permanecía en su sitio, los sofás carentes de ilusión continuaban en frente de la televisión, hogar de sus sueños y esperanzas matutinas hasta que llega la hora de irse a la escuela. Apunto estaba de volver a su habitación cuando se percató de una pequeña llama que alumbraba la terraza cuya puerta abierta a sus propósitos permitía ver el fulgor de dicha lumbre. Salió a ésta pertrecho con, tan sólo, su pijama, su albornoz y sus pantuflas. Fuera pudo contemplar a una pequeña estrella que extraviada del firmamento parecía sonreirle. Poco tardo el astro en saber de su presencia y salió disparado hacia el cielo donde sus compañeras lo aguardaban. Con la vista dirigida a las alturas y con los ojos con lágrimas contenidas de asombro se presentó ante sí una escena que cerca de parecer soñada fue bien real. Las ovejas pastaban, en un día esplendido, en las praderas mallorquinas y los caballos galopaban libremente sin ataduras ni tapujos. El ser humano parecía no existir en esta realidad o por lo menos no hacía acto de presencia. Todo era feliz y próspero. De repente todo se oscureció, la noche había llegado y el cielo lejos de ser tan estrellado como el que acababa de ver era totalmente yermo, vacío salvo por una sola estrella la estrella que le había sonreído y a la que él correspondió de la misma forma.
A la mañana siguiente despertó con la imagen de la estrellita gravada en su cabeza. Su madre fue a despertarle con una noticia que cambió su semblante de anonadado a jubiloso ¡Habían venido! Corriendo se precipitó por el largo pasillo llegando al comedor que esta vez si había sufrido un gran cambio. Los regalos rebosaban en los sillones y los dulces desparramados por la mesa dejaban entrever una nota que asomaba vergonzosa entre las monedas de chocolate. La nota decía así: Recuerda que las estrellas son la guía que nos lleva a todas las partes del mundo. Encuentra tu estrella y si lo has hecho acuérdate de ella, nunca se sabe cuando te hará falta ;)
martes, 20 de diciembre de 2011
Feliz cumple Nuria :D
Un 20 de diciembre quiso el mundo que nacieras. A las puertas del duro invierno, tú la más pequeña de tu familia, tradición que tuvo su continuación en el colegio, llegaste al mundo con un alma cálida y bondadosa que ilumina a todos y da refugio en la época más fría del año. Eres la peque pero de enjuta nada porque tu inteligencia y tu infinita paciencia crecen día a día en un cuerpo que, lejos de ser una inocente niña, ha ido creciendo a la vez que tú misma como persona. Un año más ha pasado y la meta de los 18 que antes se presentaba a lo lejos esta más cerca que nunca.
Este año por tu cumple algo ha cambiado una vela más se añade a tu tarta y en este día tan especial para tí quiero que sepas que hay alguien que desde la distancia se une a tu soplo de esperanza, con la ilusión de que el nuevo año que comienzas a vivir te colme de felicidad. FELIZ CUMPLEAÑOS :D
Para finalizar te dedico una frase filosofica que se que te gustan mucho :3 Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los "cómos". (Nietzsche)
jueves, 8 de diciembre de 2011
Dolor sin sentido
Dolor es lo que siento. Dolor es lo que necesito. Afecto, me falta. Afecto, lo odio. Así vivo mi vida desde que tengo uso de razón. Solo en el mundo hube de aprender a sobrevivir pasando por encima a los demás y alejándome de ellos como si lepra tuvieran. El vacío de mi interior hace que me vuelva iracundo cuando alguien está envuelto de dicha. En esos casos yo no puedo sino estropeársela para saciar mi hambre y desesperanza. Con lágrimas en los ojos me voy a la cama día tras día con la certeza de que la jornada siguiente estropearé la felicidad de alguien más. A veces pienso que si el mundo se hubiese portado mejor conmigo yo así lo haría con mis semejantes. Yo tenía un amigo al que exprimí toda la bondad que me profesaba ahogándolo en amargura. Pese a ello él continuaba mostrándome su mejor sonrisa sin enfadarse. Un día conseguí aplacar su amabilidad, la cual creía infinita, y se fue de mi lado para siempre dejándome tan solo una frase para que lo recordara: Puede que la cuna de una persona le influya pero cada persona es la responsable de moldear su vida y eliminar aquello que crea suprimible, recuerda que yo estuve a tu vera y me echaste a patadas. Hoy sigo siendo un cretino que no cuida lo que aprecia aunque a veces me acuerdo de mi amigo y derramo un líquido transparente que me resbala por la cara. Algunos se atreven a afirmar que lloro, yo tras encajarles unos cuantos puñetazos les digo que se me ha metido algo en el ojo. El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.
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